Resumen

   
  1. El año 2020 se cerró con una recaudación de 194.051 millones de euros, un 8,8% menos que en el año 2019.

    Lógicamente el año estuvo marcado por la pandemia que lastró la actividad económica y, con ella, las bases imponibles y los ingresos tributarios. Las bases imponibles de los principales impuestos disminuyeron un 7,7%. La caída fue mayor que la registrada en el año 2008 y posteriores, aunque en aquel caso la recesión se prolongó durante seis años. El descenso de las bases fue, no obstante, menos intenso que el que se registró en otros indicadores generales de actividad como el PIB nominal o la demanda interna, indicador habitualmente más relacionado con las variables fiscales. La principal razón de esta disparidad se encuentra en uno de los rasgos distintivos del año: el papel compensador que jugaron las rentas de origen público (salarios, pensiones y otras prestaciones, entre ellas las transferencias derivadas de los ERTE). Este hecho se refleja en la diferencia que se observó entre la disminución del 13,9% de las bases ligadas al gasto y la contracción del 3,3% en las bases relacionadas con las rentas; en este último caso, si se restan las rentas públicas, la caída sería del 9,5%. Sin los ingresos generados por estas rentas, la recaudación habría perdido alrededor de 2 puntos más.

    Además, los ingresos se vieron afectados, por un lado, por el impacto de los cambios normativos y de gestión y, por otro, por la realización de elevadas devoluciones de ejercicios anteriores. En cuanto a los primeros, en el conjunto del año, los cambios de mayor impacto procedieron de medidas anteriores a 2020 o al margen del COVID. Por su parte, las numerosas medidas que se fueron poniendo en marcha en 2020 para paliar los efectos de la situación sanitaria no tuvieron un impacto tan grande en el resultado global, pero, dado que se trataba en la mayoría de los casos de diferimientos en los pagos, sí que fueron relevantes en el transcurso del año, alcanzando cifras significativas en los meses de mayores dificultades para las empresas. En términos netos el efecto de todas estas medidas fue positivo para los ingresos. En cambio, el pago de las elevadas solicitudes de devolución que se habían presentado en 2019 y que se hicieron en 2020 lo compensó casi totalmente.

    Tanto las bases como el resto de indicadores de la actividad económica presentaron el mismo perfil: primero sufrieron una brusca caída consecuencia del confinamiento estricto para, posteriormente, comenzar una recuperación que fue intensa en los momentos iniciales y que se fue moderando después del verano, coincidiendo con el empeoramiento de la situación y las limitaciones a la movilidad. La trayectoria de los ingresos no siguió la misma pauta que la actividad por dos motivos principales: por el desfase que se produce normalmente entre el devengo del impuesto y su ingreso (el ejemplo más claro es el segundo pago fraccionado del Impuesto sobre Sociedades que recogió en octubre lo que había sucedido entre abril y septiembre) y por el impacto que tuvieron las medidas aprobadas que suponían un aplazamiento de ingresos. Solo si se consideran los ingresos más asociados a la coyuntura y menos afectados por estas medidas (como son los ingresos mensuales de retenciones del trabajo, IVA e Impuestos Especiales sobre Hidrocarburos y Electricidad) se observa una evolución coherente con el resto de indicadores coyunturales, con una mejora continua desde el mínimo alcanzado entre mayo y junio, hasta llegar a una tasa próxima a cero en los primeros compases de 2021.

    Salvo en el IRPF, los ingresos disminuyeron en todas las grandes figuras. El positivo comportamiento del IRPF en un contexto tan desfavorable se debe, como se ha dicho, a los ingresos procedentes de los salarios públicos y las pensiones, a lo que se sumó la comparación con el año 2019 en el que se realizaron la mayoría de las devoluciones ligadas a la prestación de maternidad. El resultado fue un aumento de la recaudación del 1,2%. En el Impuesto sobre Sociedades los ingresos se redujeron un 33,2%. Una buena parte del descenso tuvo que ver con la gestión de las devoluciones (en la declaración de 2018, presentada en 2019, el importe de las devoluciones solicitadas fue muy abultado). Si se corrige este impacto negativo, junto con el positivo que proporcionaron algunos ingresos extraordinarios, el descenso sería de alrededor del 23%, en línea con la caída de los beneficios. En el IVA la caída fue del 11,5%, mayor en la relacionada con el gasto en consumo. En los Impuestos Especiales los ingresos fueron un 12,1% inferiores a los registrados en 2019. La recaudación descendió en todas las figuras, pero con especial incidencia en el Impuesto sobre Hidrocarburos (-15,8%).